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  • » La transposición de las grandes arterias: ejemplo de cuando la naturaleza se equivoca

    Esta nota fue creada el lunes, 5 septiembre, 2016 a las 20:38 hrs
    Sección: La corazonada

    Cuando un niño nace es una bendición para la familia, pero cuando la naturaleza se equivoca, la tragedia acecha. Hace pocos días, tuve la oportunidad de evaluar a un hermoso bebito de 21 días de vida que fue traído desde Sonora para su valoración cardiológica, ya que nació completamente cianótico. Cianos quiere decir “azul”, pues las cardiopatías cianógenas, son aquéllas que provocan esta coloración en quienes las padecen. Este color, expresa la baja oxigenación con la que nacen estos niños, situación que es más frecuente de lo que puede pensarse si uno no se dedica a la Cardiología. En realidad 10 a 12 de cada mil niños nacidos, tienen una cardiopatía y de ellos 2 a 3 tienen esta variedad cianógena. En realidad hay múltiples enfermedades cardíacas que pueden ser de este tipo, pero las dos más frecuentes son la Tetralogía de Fallot y la Transposición de las grandes arterias.

    El objetivo de La Corazonada de hoy, es revisar esta última cardiopatía para la información de los amables lectores.

    En condiciones normales, el ventrículo izquierdo bombea sangre oxigenada a todo el cuerpo a través de la aorta, la gran arteria izquierda que distribuye la sangre ya oxigenada que llegó al corazón izquierdo proveniente de los pulmones. El ventrículo derecho se conecta con la arteria pulmonar, que lleva la sangre pobre de oxígeno, proveniente de todo el cuerpo a través de las venas, rumbo a los pulmones para que se oxigene y regrese al lado izquierdo para su distribución, en un circuito constante durante toda nuestra vida.

    En la transposición, las arterias nacen al revés, pues la aorta se conecta con el ventrículo derecho y la pulmonar con el ventrículo izquierdo, con lo cual la sangre pobre en oxígeno regresa al cuerpo sin pasar por los pulmones, provocando la coloración azul (amoratada) de los niños. La sangre bien oxigenada, sale del ventrículo izquierdo por la pulmonar y es llevada ¡de nuevo a los pulmones a oxigenarse, algo totalmente inadecuado!. Estos niños sobreviven porque todos nacemos con una comunicación en las aurículas, que permite la mezcla de ambas sangres, la oxigenada y la pobre en oxígeno. Por ello, es indispensable mantener esta mezcla y por eso se les practica poco después del nacimiento, un procedimiento mediante cateterismo cardíaco llamada maniobra de Rashkind o septostomía, que consiste en pasar un catéter por el orificio natural en las aurículas y agrandarlo con un baloncito en la punta del catéter, que primero pasa desinflado y luego se llena con solución salina (una variedad de líquido intravenoso) para agrandar el orificio y asegurar  que mejore la oxigenación de los niños, para que sobrevivan y puedan ser operados en forma electiva, programada. He tenido la oportunidad de practicar este tipo de septostomía, una maniobra que provoca mucha tensión en el equipo médico que la realiza y luego gran satisfacción al observar la mejoría en la saturación de oxígeno de los niños que la padecen.

    Las causas no están bien definidas, como ocurre con todas las cardiopatías congénitas (que llegan con el nacimiento), pero los factores relacionados son: infecciones virales en la madre como la varicela, una edad mayor a 40 años de la madre al nacimiento del bebé, el alcoholismo durante la gestación, la diabetes mellitus y la desnutrición materna.

    La cirugía debe realizarse preferentemente dentro de las dos primeras semanas, pero hay casos reportados hasta dentro de las 6 semanas, si bien la situación del bebito se deteriora conforme avanzan en edad. De hecho sin la cirugía correctiva total, el pronóstico es fatal a pocos meses.

    El intercambio de la posición de las arterias durante la cirugía incluye la reconexión de las arterias coronarias, que están naciendo en la pulmonar y deben ser cambiadas a la aorta, donde deberían haber estado conectadas desde el principio del desarrollo del embarazo. La cirugía es muy laboriosa, de varias horas y tiene un éxito superior al 90%, así que la posibilidad de muerte alcanza el diez porciento, pero debe ser realizada, ya que no hay otra posibilidad para estos niños.

    En la etapa prequirúrgica el niño puede estar en insuficiencia cardíaca, por lo que no será egresado del hospital y a veces nos vemos precisados a intubarlo por la tráquea para que mantenga la oxigenación. Estos casos deben operarse en la primera semana de vida.

    En la etapa postoperatoria, algunos bebitos requieren medicamentos como  la digital y los inhibidores de convertasa, para apoyar a su corazón, pues el ventrículo izquierdo no levanta suficiente presión puesto que estaba desconectado de la aorta y su músculo no estaba preparado para el nuevo trabajo.

    Las variantes de esta enfermedad son abundantes, por lo que pueden surgir muchas dudas, así que me pongo a sus órdenes en mi correo.

    ricardo.jauregui03@gmail.com

    Hasta la próxima.

     





               



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