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  • » Las enfermedades cardiovasculares y el Sol

    Esta nota fue creada el lunes, 12 octubre, 2015 a las 6:45 hrs
    Sección: La corazonada

    Esta semana se revivió un tema que estuvo de moda hace unos 40 años: que el Sol provoca infartos a través de las tormentas solares, las famosas tormentas geomagnéticas, que se dijo provocaron la muerte de un piloto y el desmayo de otro hace cuatro días. Y eso culminó en que varias personas me lo consultaran.

    En realidad, las relaciones que existen entre el Sol y diversos problemas de salud fueron descritas muchos siglos antes. El cáncer de piel, las hemorragias por las vías respiratorias en enfermos de tuberculosis, las quemaduras de diversos grados y las dermatitis a ciertos medicamentos, son sólo algunos de los problemas médicos que se han identificado como provocados por la exposición al Sol. El raquitismo, un mal control de la tensión arterial y un mal aspecto de la piel son algunas situaciones médicas que se han relacionado con la falta de exposición al Sol. Los brotes de esquizofrenia, el aumento de los casos de depresión, diversos problemas endocrinológicos y de la fertilidad humana se han relacionado con el viento solar que llega a la Tierra después de una tormenta geomagnética.

    Con estos antecedentes, me pareció oportuno revisar las relaciones que guardan las enfermedades cardiovasculares con el Sol para mis amables lectores, para fijar mi posición en este tema.

    En cuanto a los problemas cardiovasculares debo enfatizar entonces, que los pacientes que reciben tratamiento para la artritis reumatoide con cloroquina o que tienen manejo farmacológico de una arritmia con el antiarrítmico amiodarona, deben evitar la exposición al Sol, pues estos medicamentos favorecen la sensibilidad a la luz solar. He visto casos muy graves de fotosensibilidad, como se le llama a este problema, en enfermos tratados con amiodarona y que se exponen al Sol. Por eso, cuando prescribo este medicamento les indico a mis pacientes la necesidad de protegerse de la luz solar.

    Pero en relación al asunto de los infartos del miocardio y la exposición al Sol, falta mucho sustento científico. Puesto que la causa habitual de un infarto es la ateroesclerosis coronaria, que se identifica muy bien como una placa de grasa en la luz de una arteria del corazón (le llamamos placa de ateroma), los factores que participan son múltiples. Se ha mencionado en varias ocasiones que tomar baños de Sol disminuye el riesgo de infarto, pero no existe un estudio epidemiológico que avale esta afirmación, ni podría hacerse un estudio así, pues los factores que provocan el infarto ya existen en los pacientes y no podemos excluirlos. También se afirma en literatura no médica, que tomar baños de Sol disminuye la presión arterial. Se aduce que “abre” las arterias (es decir, provoca vasodilatación) y por ello tiene ese efecto benéfico, pero tampoco existe sustento científico suficiente para avalar esta afirmación.

    Con las tormentas geomagnéticas ocurre exactamente lo mismo. Ya en la década de los sesentas del siglo pasado se había hecho mención de este problema, pero la comunidad cardiológica internacional rechazó esta propuesta. Basados solamente en aspectos teóricos, podría tener alguna razón, pues se supone que la exposición a las tormentas geomagnéticas, las cuales son intermitentes, podría desarreglar la función de las células miocárdicas. Pero cualesquier desarreglo en los vasos sanguíneos, provocado por la radiación solar durante una tormenta geotérmica, no es el causante. Así mismo, se supone que este desarreglo magnético provoca arritmias, pero no encuentro cómo podría provocar un infarto. En el 2005 unos científicos rusos afirmaron que los infartos aumentan 13% durante las tormentas geomagnéticas, pero lo hicieron en una revista no científica, tampoco en una revista médica, de hecho estos autores pertenecen al Centro de Investigaciones del Cosmos en Rusia y creo que con esa actividad difícilmente pueden hacer este tipo de aseveraciones.

    Una tormenta geomagnética es una perturbación temporal de la magnetosfera terrestre, que se encuentra asociada a una expulsión de masa coronal solar, un agujero en la corona solar, que provoca una onda de choque de viento solar que llega entra 24 y 36 horas después del suceso. La presión del viento solar modifica las corrientes eléctricas en la ionosfera y a eso se han atribuido estos teóricos efectos indeseables. Las tormentas magnéticas duran 24 a 48 horas, aunque pueden prolongarse varios días y ocurrieron varias los días 4 y 5 de este mes, como pasa frecuentemente, de donde derivaron las noticias y las preguntas que me plantearon.

    Consulté tres bibliotecas electrónicas para escribir la Corazonada de hoy y ninguna de las revistas médicas de prestigio dedicadas al corazón y que se publican periódicamente, menciona este tema. Hay una publicación no médica de Uruguay que afirma esta relación pero no tiene sustento epidemiológico, sólo es un enfoque teórico en una región considerada de mucha influencia por ser una zona de falla electromagnética. Existe otra publicación, que sí es médica, de origen cubano y que afirma que no hay más infartos en número total por año en la provincia de Guantánamo por las tormentas solares, pero que están directamente relacionadas a los días de tormenta geomagnética, basados en los certificados de defunción y el calendario de las tormentas. Es decir, es un estudio epidemiológico de una pequeña provincia cubana y no ha sido reproducido en el resto del mundo.

    En conclusión, no existe sustento científico para afirmar que el viento solar provoque algún infarto del miocardio.

    ricardo.jauregui03@gmail.com

    Hasta la próxima.





               



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