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    Esta nota fue creada el lunes, 22 febrero, 2016 a las 6:03 hrs

    Ido el Papa, lo nuestro, lo nuestro es hoy el segundo embate de la influenza, menos intenso que en 2009 pero igual de preocupante.

    Parecían lejanos los años del calderonato en los que se tuvo que detener la Ciudad de México por espacio de tres días –otras ciudades en el interior también lo hicieron- debido a un brote de la hasta entonces desconocida influenza AH1N1.

    La decisión de la Secretaría de Salud, encabezada entonces por José Ángel Córdoba, fue ordenar un cerco sanitario que implicó el cierre de escuelas y una avalancha de publicidad oficial en la que se destacaban las medidas de aseo preventivas.

    Pasado el susto, en las redes sociales comenzó a circular la versión de que todo se había tratado de “un engaño” para distraer la atención de la opinión pública.

    Tal aberración fue respondida por el propio Córdoba: preferible una sobrerreacción a la muerte masiva de mexicanos.

    Con todo y ello, varios cientos de mexicanos murieron.

    Hoy que el país comienza a sufrir el embate de una crisis de influenza estacional, más la AH1N1 y una nueva cepa denominada AH3H2, para la cual sí existe medicamento.

    Pero a la par de este nuevo brote de influenza, que aún no alcanza la cifra suficiente para alcanzar la categoría de alerta sanitaria, comenzaron a surgir las tesis del complot.

    Estas, alimentadas con la gasolina de las redes sociales, podrían provocar que la población minimice los riesgos y no tome las precauciones debidas.

    Según las tesis complotistas, el gobierno “nos quiere asustar otra vez”, con el petate del muerto, con el tema de la influenza.

    No se ofrecen argumentos para sustentar la tesis, pero los partidarios del complot cada vez son más que sin duda el gobierno tendría que estar preocupado por brindar la información necesaria, simple y llana, para que la población no desestime el problema pero que tampoco corra a la farmacia por su Tamiflú.

    El flamante secretario de Salud, José Narro, tiene un gran tema para estrenarse.

    Hasta ahora, en este asunto, va ganando el síndrome López Obrador.

    *

    Los muchos aspirantes a la gubernatura de Quintana Roo firmaron el sábado un “pacto de unidad”, en el que se comprometen a respaldar al suertudo que gane la nominación.

    Pero no va a ser gratis.

    La negociación se ha detenido porque cada uno de los suspirantes -8 en total- quieren su respectivo pedazo de pastel.

    Cada grupo pelea por lo menos dos presidencias municipales de las 11 en disputa, más un distrito electoral local de los 15 en los que se divide el estado.

    Lo malo es que el PRI tiene que repartir territorio también a sus aliados de Nueva Alianza y del Partido Verde; este último empeñado en que el candidato al municipio de Benito Juárez, en el que se encuentra Cancún, sea para uno de sus militantes.

    Nada perdidos andan los verdes; Benito Juárez tiene 8 de los 15 distritos del estado y vale el 55% del padrón electoral.

    ¿A poco el presidente del Manlio Fabio Beltrones dejará que los verdes le quiten ese botín, digo, bastión político?





               



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