
El relevo de Alejandro Gertz Manero al frente de la Fiscalía General de la República se convirtió en una telenovela cuyo final aún no se escribe.
El gobierno filtró desde hace días la supuesta renuncia del ahora candidato a embajador de México en Alemania, sin tener amarrada la aceptación de Gertz, que se negó a establecer en su carta de aviso precisamente la palabra “renuncia’’.
Leída con cuidado, entrelíneas el exfiscal deja claramente fijado que no se fue por voluntad propia, sino que lo fueron.
“Hago de su conocimiento que la titular del Ejecutivo Federal, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, me ha propuesto como embajador de México ante un país amigo, lo cual se está tramitando en este momento.
“Dicha propuesta me va a permitir la posibilidad de continuar sirviendo mi país, en una nueva tarea que me honra, y que agradezco, ratificando así, mi vocación de servicio público de tan larga trayectoria. Razón por la cual, a partir de esta fecha, y con todos los efectos legales que correspondan, me estoy retirando de mi actual cargo como fiscal general de la República”, explicó en la misiva.
Gertz no era santo de la devoción de los morenistas ultras, quienes ya habían intentando quitarlo del cargo en varias ocasiones, pero no pudieron porque López Obrador siempre lo respaldó.
Miembros del Gabinete y de la nomenklatura morenista se encontraban más que molestos por las filtraciones de expedientes de casos sensibles que exhibieron actos de corrupción mayúsculos que van desde el huachicoleo fiscal, que manchó de gasolina y diesel el albo uniforme de la Marina, los nexos de La Barredora con personajes de la política tabasqueña, en todos los ámbitos y más recientemente, lo que pareció que colmó el vaso, fue la filtración del informe que involucra al empresario Raúl Rocha Cantú, propietario de la franquicia de Miss Universo en México, en una red de tráfico de combustible y armas.
Gertz siempre fue ave de tempestades, sin duda.
Quizá la crisis más fuerte de credibilidad que tuvo fue el proceso penal que interpuso en contra de su cuñada Alejandra Cuevas, presa por, según el fiscal, haber contribuido a la muerte de su hermano Federico “por omisión de cuidados’’.
Ayer Sheinbaum, en su conferencia, dijo que el trabajo de Gertz le parecía bueno “pero que había que fortalecer la cooperación entre las fiscalías de los estados y la federal’’, enviando un velado reproche a Gertz.
¿Fue esa la verdadera causa de la destitución?
No parece suficiente; la Presidenta se deshizo de la primera herencia de López Obrador y se prepara para imponer a uno de los suyos en la fiscalía.
Ayer todo indicaba que sería Ernestina Godoy, pero por ahí sigue rondando Arturo Zaldívar, esperando el dedazo que le permita llegar al cargo al que no pudo acceder por méritos propios.
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La jefa de gobierno de la CDMX, Clara Brugada, insiste en la narrativa de culpar al PRI por los hechos de violencia registrados en la marcha del 15 de noviembre pasado.
Se lo dijo a los gobernadores emecistas de Jalisco y Nuevo León, pero acusando directamente al líder del tricolor, Alejandro Moreno, de haber pagado al llamado “bloque negro’’ para desatar la agresión contra los policías.
Brugada no presenta ninguna prueba, como tampoco lo han hecho Adán Augusto López y la propia presidenta Sheinbaum, la misma que exige pruebas cuando se cuestiona un señalamiento en contra de un morenista.
Moreno anunció que presentarán denuncias en contra de los diputados locales de la CDMX que buscan crear una comisión para “investigar’’ a los priistas por esos hechos, sin pruebas.
@adriantrejo





