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    Esta nota fue creada el lunes, 25 enero, 2016 a las 6:03 hrs

    Dice la actriz Kate del Castillo que el gobierno mexicano “la quiere destrozar”.

    Convertida en víctima, la señora del Castillo quiere hacerle creer a todo el mundo que ella es una blanca paloma que no tuvo nada que ver con el Chapo Guzmán.

    Qué todo es un complot del gobierno maldito, cual si fuera un clon de Andrés Manuel López Obrador.

    La señora miente.

    Lo que comenzó como una comedia, pasó a ser un drama para ella misma por su decisión de intimar –en el buen sentido de la palabra-, con el capo más famoso del mundo.

    El caso de Kate del Castillo no es el único en el que se entremezclan narcos y actrices o actores, pero al menos es el único en el que las evidencias son tan claras y notorias que dejen muy poco margen a la duda.

    Y es que en México cualquier persona con algo de fama –y más si se considera reaccionaria- cree tener una patente para hacer y decir lo que se le antoje sin que haya consecuencias.

    Se vale criticar; no conozco a un solo mexicano, famoso o no, que no haya criticado al actual gobierno.

    Y no por eso se sienten perseguidos o víctimas de un complot.

    Todos nos quejamos de la mala situación económica, de la inseguridad, de la falta de sensibilidad de los políticos, de la corrupción sin fin, de las decisiones que toman los políticos pensando en su futuro y no en el de la población que juraron proteger.

    Y lo escribimos –quienes podemos- o lo comentamos en los medios de comunicación como radio y televisión; las redes sociales son un surtido inacabable de críticas e improperios hacia los políticos.

    La señora del Castillo cuestionó hace unos años el programa de combate a la justicia; con justa razón.

    Y ahora toma ese pretexto para decir que la “quieren destrozar”.

    Por favor.

    Nadie le dijo que era buena idea asociarse con el Chapo o recibir los regalos –la carta no era carta sino un regalo-, ni hacer apología de los actos de este criminal ni fungir o fingir como intermediara entre el capo y el actor Sean Penn.

    Las malas compañías ellas las eligió libremente; ahora quiere convencernos, con una pésima actuación, que todo es un complot.

    Esa historia ya la hemos visto en el país, muchas veces.

    *

    Quirino Ordaz Coppel fue elegido candidato priista a la gubernatura de Sinaloa, imponiéndose a militantes de viejo cuño como Heriberto Galindo, que ya no será –por su edad-, candidato a gobernar su estado.

    Ordaz ni siquiera figuraba en las encuestas y de pronto su nombre comenzó a sonar fuerte, hasta el punto que fue visto como la solución a la falta de acuerdos entre los aspirantes tradicionales.

    Ahora falta ver a quién le pone el PAN enfrente, pues si bien es cierto que la dirigencia nacional ve con buenos ojos a Manuel Clouthier que llegó a San Lázaro como diputado independiente, no tiene en sus filas a un gallo de buen tamaño como para garantizar una buena pelea al PRI.





               



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