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  • » Y después de la visita, ¿qué?

    Esta nota fue creada el lunes, 15 febrero, 2016 a las 6:03 hrs

    No se puede desestimar el valor moral que tuvieron las palabras del obispo de Roma, Jorge Mario Bergoglio.

    Sus discursos en la Catedral y en el Palacio Nacional, cuestionando el papel de los representantes de la iglesia y el afán de riqueza que generan corrupción y crimen cuando se persigue “el bien de unos pocos”.

    El discurso no desentonó ayer en Ecatepec, el municipio más peligroso para el país, maquillado para no ver la miseria que se vive ahí día a día.

    Bergoglio habló de tres tentaciones: riqueza, vanidad y orgullo.

    “La riqueza adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan sólo para mí o ‘para los míos’. Es tener el pan a base del sudor del otro o hasta de su propia vida. Esa riqueza que es el pan con sabor a dolor amargura o sufrimiento, en una familia o en una sociedad corrupta, es el pan que se le da de comer a los propios hijos”, dijo el Papa.

    Todos los políticos acusaron recibo del mensaje: igualmente todos los obispos, todo el alto clero nacional, eso que evidentemente se han puesto al servicio de “faraones”, de la política o no.

    Pero más allá de los mensajes de Obispo de Roma, lo que está por verse si su palabras tendrán un efecto renovador no en la feligresía, sino en sus pastores y aún en la política.

    Porque las imágenes que se vieron en Palacio Nacional, en donde gobernadores y el gabinete presidencial saludaron a Francisco, con rostros emocionados, suponen que por lo menos algo debió haberlos afectado.

    Los discursos pueden quedarse en una anécdota, en el regaño del abuelo cariñoso, sabio, que respetas pero que no atiendes porque crees que sus consejos son del siglo pasado.

    O bien pueden significar el impulso de un cambio social, político y hasta económico –bueno, se vale soñar ¿no?-, si como se vio en la amplia cobertura televisiva los miles de mexicanos que pasaron las de Caín para ver unos segundos al Papa aplican sus consejos en lo individual y en lo familiar.

    Francisco ha cumplido sin duda la expectativa que se tenía; ha sido amable con el gobierno y ha dejado ver un rostro distinto del clero católico, tan apegado a las tres tentaciones a las que hizo referencia en Ecatepec, al grado tal que tan solo en México han perdido en los últimos años algo así como el 15% de su membresía.

    Ojalá que los consejos hayan caído en tierra fértil.

    *

    La cita que tendría Francisco con los mexicanos en el Zócalo fue un auténtico desastre, un fracaso.

    Apenas entre el 15 y el 20% de los 64,000 mexicanos esperados fueron quienes tuvieron acceso, separados por categorías o “corrales”, como dijera uno de los “invitados”.

    El problema fue que los boletos fueron entregados a los funcionarios del gobierno del DF para que los repartieran; desde la misma oficina de Miguel Mancera hablaban para ofrecer boletos que la mayoría de los invitados declinaba.

    Otro punto que motivó el fracaso de la concentración en el Zócalo fue la excesiva vigilancia que promovió el Distrito Federal.

    Las rutas que siguió el convoy papal fueron cerradas al tráfico horas –horasssss- antes de que pasara por el lugar, lo que motivó el enojo de miles y miles de capitalinos, católicos o no.

    Al final, a Mancera se le puede aplicar el dicho mexicano de que “resultó más papista que el papa”.

    *

    Formalmente hoy inicia el proceso de selección del candidato del PRI a la gubernatura de Quintana Roo.

    Se prevé que entre miércoles y jueves salga humo blanco…o chispas si Manlio Fabio Beltrones no calma a los suspirantes.

    El detalle, repetimos, está en quién será el abanderado del PRI a la alcaldía de Benito Juárez, mejor conocida como Cancún, que concentra a 8 de 15 distritos locales.

    O sea que vale, algo así, como el 55% del padrón electoral.





               



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