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  • » Niega Suu Kyi limpieza étnica contra los rohingya ante severas críticas

    Esta nota fue creada el jueves, 6 abril, 2017 a las 14:52 hrs
    Sección: El mundo

    Londres.- La lideresa de Myanmar, Aung San Suu Kyi, negó que haya limpieza étnica contra la minoría de los musulmanes rohingya, pese a que la ONU y las organizaciones de derechos humanos consideran que se están cometiendo «crímenes de guerra».

    «No creo que haya una limpieza étnica, creo que la limpieza étnica es una expresión demasiado fuerte para usar para lo que está sucediendo», sostuvo Suu Kyi a la cadena BBC en una entrevista.

    Suu Kyi, premio Nobel de la Paz, ha enfrentado críticas internacionales por el trato dado a más de un millón de personas de la minoría rohingya.

    Ese grupo es considerado inmigrante ilegal y enfrenta discriminación a pesar de haber vivido en el país durante décadas en el estado de Rakhine.

    La antigua Birmania, un país en transición desde la férrea dictadura militar al sistema de democracia limitada que acaba de inaugurar, ha visto cómo el nacionalismo budista profundamente islamófobo se extiende de forma vertiginosa.

    La situación de los rohingya, sin acceso a la enseñanza o la sanidad y con total restricción de movimientos, es dramática hace décadas, pero se ha agravado en los últimos años.

    Tanto sectores del ejército como grupos paramilitares han emprendido una campaña de limpieza étnica, que incluye matanzas, violaciones en masa de mujeres, saqueos, detenciones arbitrarias y una política de tierra quemada.

    De acuerdo con observadores se está ante un genocidio, aunque hasta ahora la comunidad internacional ha hecho oídos sordos, pese a las reiteradas denuncias de las organizaciones de derechos humanos.

    Los ataques a los puestos de guardias de frontera en octubre por un grupo de insurgentes rohingya en el cual nueve soldados murieron, provocó una brutal represión del ejército que obligó a más de 75 mil rohingyas a huir a la vecina Bangladesh.

    Suu Kyi sostuvo que los que habían huido eran bienvenidos a regresar. «Si regresan estarán a salvo», añadió la exlíder de los derechos humanos en la antigua Birmania, y un icono del cambio democrático que experimento este país asiático.

    En un informe a principios de este año, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas acusó al ejército de Myanmar de asesinatos masivos, violación en grupo, tortura e incendio de aldeas como parte de una viciosa campaña contra la insurgencia étnica.

    El gobierno birmano, donde la premio Nobel de la Paz es ministra de Exteriores y consejera de Estado, ha sido criticado por el manejo de la crisis a raíz de un ataque, perpetrado presuntamente por insurgentes rohingya, contra tres puestos fronterizos en la región.

    Al respecto, Suu Kyi comentó que el ejército «no está libre de violar, saquear y torturar. Ellos son libres de entrar y luchar y, por supuesto, eso está en la constitución… Los asuntos militares deben dejarse al ejército».

    «Creo que hay mucha hostilidad allí. Lo que estamos tratando de lograr es la reconciliación, no la condena (…) también son musulmanes matando a musulmanes”, zanjó Suu Kyi.

    El gobierno de Suu Kyi, de un año de antigüedad, llegó al poder en elecciones tras cinco décadas de gobierno militar, pero está limitado por la constitución impuesta por el ejército y su control sobre ministerios clave.

    La euforia inicial de la victoria electoral de Suu Kyi ha sufrido desde entonces cierta desilusión, ya que ha habido pocos avances en la implementación de reformas democráticas, el impulso de la economía o el fin de las insurgencias étnicas.

    Suu Kyi detalló que había «mucha hostilidad» en Rakhine entre budistas y musulmanes y que el gobierno estaba tratando de sanar las tensiones.

    Myanmar inició su propia investigación sobre posibles crímenes en Rakhine e invitó al ex jefe de la ONU, Kofi Annan, a encabezar una comisión para examinar las tensiones entre budistas y musulmanes.

    Sin embargo, se ha negado a que la ONU pida que un organismo internacional independiente examine las violaciones de derechos.

    Los choques étnicos en 2012 entre rohingya y budistas en el estado de Rakhine dejaron más de 100 muertos y 140 mil desplazados internos.

    El de los rohingya es un asunto sensible en la política birmana, condicionada por grupos radicales budistas que llevaron al anterior Ejecutivo a adoptar múltiples medidas discriminatorias contra ese colectivo, incluida la privación de movimientos.

    Unos 120 mil rohingya viven confinados en 67 campos de desplazados en ese estado y sufren todo tipo de restricciones desde la ola de violencia sectaria que brotó allí en 2012 por la violación y asesinato de una mujer budista a manos de tres musulmanes.

    El grueso de la comunidad rohingya reside desde hace siglos en la Myanmar, la gran mayoría en Rakhine, pero ni la etnia ni los miembros son reconocidos por las autoridades como ciudadanos birmanos, sino como inmigrantes bengalíes. Bangladesh tampoco los reconoce.

     





               



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